POR VIANCO MARTINEZ
Especial para Ecos del Sur.
El pasado sábado, en un grupo de diez, llegaron dos mellizos de un mes y medio. Llegaron tan deteriorados que la gente pensaba que no iban a responder a la rehidratación porque estaban exánimes.
A pesar de que los primeros casos de diarrea se registraron antes del día 20 de septiembre, no fue sino ayer, jueves 29 de septiembre, que llegaron tres médicos y dos enfermeros a la zona afectada. Afortunadamente, es un equipo fogueado de la Dirección Provincial de Salud de Azua, que conoce la zona y sus adversidades porque ya ha prestado servicios allí. De inmediato, se instalaron en la clínica rural de la sección Las Cañitas, de la que dependen unas 20 comunidades.
La demora del personal de salud y el intento de las autoridades de minimizar el brote fue fatal porque el brote se expandió sin control y cobró nuevos casos rápidamente, en especial en la comunidad de Botoncillo. Las autoridades se pusieron a jugar a las relaciones públicas con la vida de la gente de por medio, convirtiendo a aquellos parias de la montaña en enfermos invisibles, y ahí están los resultados.
Botoncillo, el poblado que se encuentra más cerca del Río en Medio por la parte de arriba, ha sido el más castigado. Solo entre el jueves y el viernes bajaron de ese lugar más de 25 personas afectadas. Hoy viernes, ese lugar amaneció con quince nuevos casos, dos de los cuales –Danilo Fulcar, de 50 años, y Milcia Mateo, de 35, una pareja de esposos- se encuentra hospitalizada y en en estado delicado.
En los últimos días de esta semana terrible, Darío Santos, el maestro de Botoncillo, ha visto partir hacia el hospital a varios de sus alumnos deshidratados ante la mirada de asombro de sus compañeros. Una de ellos, una niña de ocho años llamada Evangelina Fulcar, y que todo el mundo conoce como Ana, que cursa el segundo grado, fue bajada tan deshidratada que la gente que la vio marcharse quedó como aturdida y con el miedo dibujado en la expresión.


